Cuánto cobrar por una clase, sin adivinar
El precio no se elige por lo que cobra el de al lado, porque no sabes lo que cobra ni lo que gasta. Se elige a partir de tus números: cuánto tiempo trabajas, qué tienes que pagar y cuántas personas caben. Con eso sale un suelo, y por debajo del suelo no hay negocio que aguante.
Paso 1: cuenta las horas de verdad
Dar la clase es una parte. Suma lo que tardas en preparar, en desplazarte, en responder mensajes, en anotar quién viene y en cobrar. Si una clase de una hora te lleva dos de trabajo, tu precio por hora real es la mitad de lo que crees.
Paso 2: apunta lo que tienes que pagar
Alquiler del sitio, materiales por persona, seguros, la comisión del cobro, el desplazamiento. Algunas cosas se reparten entre las plazas y otras no: el sitio se paga igual con 5 que con 15, los materiales no. Eso cambia por completo el precio por persona.
Paso 3: elige cuántas plazas, y por qué
Las plazas son la palanca. Con 6 plazas necesitas un precio más alto por persona; con 15, puedes permitirte cobrar menos. No es lo mismo un taller de cerámica, donde el material pesa, que una ruta a pie, donde casi no hay coste. Decide cuántas quieres y cuántas caben de verdad.
Paso 4: tu suelo
Suma tus horas de trabajo y tus gastos, y divídelo entre las plazas. Ese número es tu suelo: por debajo, estás pagando por trabajar. No es un precio bonito, es un mínimo. A partir de ahí, decides si subes por lo que aporta tu clase —un grupo pequeño, un sitio especial, un nivel concreto— o si dejas una clase barata a propósito para que la gente pruebe.
MisPlazas: Ejemplo con números inventados, para ver el método: 2 horas de trabajo a 25 €/hora + 60 € de sitio + 4 € de material por persona, con 10 plazas → 5,00 € de material + 10,00 € de sitio + 5,00 € de tu hora = 20 € por plaza. Crear mi enlace gratis
Las dos preguntas que ajustan el precio
- •¿Se llena con las plazas que quiero? Si siempre se llena y siempre te quedas corto, estás cobrando poco.
- •¿La gente viene una vez y no vuelve? Puede ser el precio, pero casi siempre es otra cosa: el horario, el nivel o que no sabes que hay más clases.
Lo que no deberías hacer
Bajar el precio para competir con quien cobra menos sin saber cómo lo hace. Bajar el precio es lo más fácil y lo más difícil de corregir: una vez que alguien ha pagado poco, le cuesta volver a pagar más. Si necesitas más dinero, sube el precio a quien entra nuevo o añade un formato distinto, no regales el que ya tienes.
Preguntas rápidas
¿Cobrar menos me trae más gente?
Al principio sí, y luego te quedas con gente que vino por el precio. Un precio claro y sostenido con una clase bien contada suele traer a quien se queda.
¿Cuándo subir el precio?
Cuando tienes las plazas llenas y una lista de espera. Se sube a quien entra nuevo, no a quien ya está: a los de siempre se les avisa con tiempo y se les deja decidir.
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